2009
No cabe duda que muchas veces las decisiones en las marcas automotrices las toman tipos/as que no tienen la más mínima pasión o idea del fabuloso mundo de los coches. Cuando ven un posible nicho de mercado se lanzan tras de él sin importar lo absurdo, incongruente y llanamente estúpido que puede ser. La actitud es comparable a la de un perro en celo que se monta en cualquier cosa que encuentre, sin importar que sea una pata de mesa, la pierna de alguien o que lo atropellen en el intento. Bueno, no siempre se está destinado al fracaso. El ejecutivo automotriz puede dar en el clavo como en el misterioso caso de la Porsche Cayenne y el perro puede ligarse a una simpática perra de pedigree. Lo que creo que tenemos en las manos con el Mini Cooper Crossover es el triste caso de un perro que se echará una pata de mesa y después será espectacularmente atropellado. El Mini Cooper es un coche excelente. Manejarlo te pone una sonrisa en la cara, además de que tiene historia y personalidad. No había necesidad de sacar el apocalípticamente feo Clubman y mucho menos una crossover que no tiene nada que ver con la esencia del Mini. Aquellos que pensaron que el Mini Crossover y el Clubman eran buena idea… la porra los saluda.
El concepto de crossover El feo Clubman

PD
La porra también saluda a los que apoyaron el Porsche Panamera